Bosques con encanto y animales emblemáticos
Cada parque natural de la provincia de Córdoba escogió su animal más representativo para usarlo como símbolo. El Parque Natural de la Sierra de Cardeña y Montoro
se inclinó por el lince ibérico (Lynx pardinus). El Parque Natural de las Sierras Subbéticas decidió encomendarse al halcón peregrino (Falco peregrinus). El Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos
se quedó con el buitre negro (Aegypius monachus). El águila imperial ibérica (Aquila adalberti), por su parte no figura como emblema, pero es un joya en peligro de extinción.
En los tres parques naturales de Córdoba reina la encina (Quercus ilex y Quercus rotundifolia), especialmente en forma de bosque adehesado. Casi siempre a su lado habita el quejido (Quercus pyrenaica). El roble melojo (Quecus faginea) se cría exclusivamente en el Parque Natural de la Sierra de Cardeña y Montoro. El aliso (Alnus glutinosa) solo aparece en las riberas del arroyo Guadalora, dentro del Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos.
Lince ibérico (Lynx pardinus)– El felino más amenazado del mundo
Este mamífero félido, que solo vive en la península Ibérica, presenta un pelaje rojizo con manchas oscuras, cola corta y orejas puntiagudas terminadas en un pincel de pelos negros. Al parecer su nombre viene de la mitología clásica: de Linceo, hijo de Alfareo y Arene. Su vista lo hizo célebre, ya que, según la leyenda, era capaz de ver a través de los cuerpos sólidos. En consecuencia, toda persona sagaz o que tiene una vista muy aguda merece ser llamada lince. Pero este animal de apariencia gatuna pasa por los peores momentos de su historia a causa de la alteración y la fragmentación de su hábitat, provocadas por las actividades humanas y por infraestructuras, como las carreteras. Problemas no le faltan: la disminución del número de conejos, que constituyen su alimento básico, la mortalidad no natural debida a la caza, el empleo indiscriminado de sustancias venenosas o los atropellos en carreteras. La Unión Mundial de la Naturaleza (UNC) considera el lince ibérico como el felino más amenazado del mundo. Es una especie en peligro de extinción. Se estima que hay unos 1.200 ejemplares, de los que unos 300 viven en cuatro espacios protegidos de Andalucía: el Parque Nacional de Doñana (Huelva), el Parque Natural de la Sierra Norte (Sevilla), el Parque Natural de la Sierra de Andújar (Jaén) y el Parque Natural de las Sierras de Cardeña y Montoro (Córdoba), que convirtió la imagen del lince en el emblema del parque.
Águila imperial ibérica (Aquila adalberti) – Un rapaz en peligro
Propia solamente de la península Ibérica, su población no supera las 220 parejas. Suele habitar en bosques mediterráneos de Castilla-La Mancha, castilla y León, Madrid, Extremadura y Andalucía. En Córdoba se encuentra sobre todo en el Parque Natural de la Sierra de Cardeña y Montoro. Está considerada una de las cuatro aves de presa más escasas del planeta. El águila imperial es una rapaz de color casi negro, cola cuadrada y tamaño algo menor que el del águila real. La raza ibérica tiene los hombros y la parte superior de la cabeza de color blanco puro. Para favorecer la supervivencia de la especie, la Junta de Andalucía lleva cuatro años gestionando la iniciativa de un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que comprende medidas como apartar las hembras jóvenes de sus nidos para criarlas en régimen de semilibertad y, de esta manera, poder equilibrar el número de ejemplares de ambos sexos. Según los científicos del CSIC, desde 1991 siete de cada diez águilas que abandonan el nido son machos. De seguir así, la especie llegaría a la extinción. La idea es liberar en dos o tres años unas 15 hembras. Otra medida tiene que ver con los accidentes causados por la alteración del paisaje. En 1982 se pudo certificar que cada año morían unas 2.000 aves en 100 kilómetros de tendido eléctrico, de las que el 60% eran águilas imperiales en su primer año de vida. Aunque la mortalidad se redujo de forma considerable tras la colocación de nuevos postes, se instalarán en la cercanía de los nidos unos postes que, al mínimo contacto con la aves, produzcan una descarga eléctrica inofensiva, lo suficientemente molesta para que no deseen repetir la experiencia. De este modo se educa a las rapaces con el fin de acabar con estos accidentes.
Halcón peregrino (Falco peregrinus) – El arte de cazar
Es un ave rapaz diurna, que mide entre 38 y 51 cm desde la cabeza a la extremidad de la cola, con cabeza pequeña, pico fuerte, cola larga y alas puntiagudas. Debe su nombre a la facilidad con que se desplaza de un lugar a otro. Habita en terreno rocoso, frecuenta los espacios abiertos y anida en sitios altos. Con fama de audaz y fiero, el halcón peregrino posee un vuelo potente, interrumpido por frecuentes planeos. Se remonta para precipitarse desde las alturas a gran velocidad con las alas casi cerradas. Ataca a toda clase de aves, con frecuencia del tamaño de patos o palomas, a las que captura en vuelo, y los mamíferos pequeños no se salvan de sus acometidas. Después de haber matado a su víctima, la deja caer en el suelo para recogerla más tarde. A pesar de su fiereza, el halcón puede domesticarse con relativa facilidad y se empleaba antiguamente para la cetrería. En la Europa medieval, la caza con halcones era privilegio de reyes, nobles y demás gente poderosa. Pero algunos altos cargos de la Iglesia se volvieron tan aficionados a la cetrería que el emperador Carlomagno (742-814) se vio obligado a prohibirla para el clero. El halcón peregrino es el símbolo del Parque Natural de las Sierras Subbéticas.
Buitre negro (Aegyius monachus) – Como un monje volador
Las alas desplegadas de esta rapaz pueden alcanzar los dos metros de envergadura. Tiene un aspecto imponente, como si fuera un monje volador, de ojos grandes y cuello desnudo, rodeado de un collar de plumas erizadas, de color parduzco. Un buitre negro que parece de chocolate, excepto la cabeza cubierto de un vello claro. Presenta también un pico muy fuerte, ganchudo en el extremo, que refuerza su aire de fiereza. Vive en pequeños grupos, en zonas montañosas, y anida en lo alto de los árboles. En el Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos se encuentra en la segunda colonia más numerosa de Andalucía. Aquí suele habitar en los bosques de alcornoques. Se alimenta de carroña, aunque tampoco se priva de capturar conejos, serpientes o lagartos para completar su menú.
Encina (Quercus ilex y Quercus rotundifolia) – La reina de los bosques
Esta árbol de la familia de las fagáceas, de diez a doce metros de altura, con tronco grueso, que tiene por fruto bellotas dulces o amargas, según las variedades, y proporciona una madera muy dura, se encuentra en los tres parques naturales. Es, sin duda, el árbol más importante de Córdoba, sobre todo en la mitad norte y la zona subbética. La encina tiene dos especies principales. Quercus ilex, de hojas muy alargadas, ramillas colgantes, con pecíolo de 6 a 15 mm, nervios que forman un ángulo agudo con el principal y amentos masculinos muy pilosos. Por su parte, Quercus rotundifolia, también denominada encina carrasca, tiene hojas más redondeadas, espinosas si son jóvenes, pilosas por el haz, pecíolo de 1 a 5 mm, y amentos masculinos muy poco o nada pilosos. Esta última, que se distribuye en regiones interiores de clima continental y presenta las bellotas más dulces, es la encina cordobesa por antonomasia. Florece en abril o mayo. Madura y disemina los frutos en octubre a noviembre, incluso en diciembre. Sus bellotas se han empleado en la alimentación humana, mezcladas con trigo y otros granos, para fabricar pan en los años de escasez. Hay quien las come asadas como si fueran castañas. Pero aquí, en Córdoba, se suele explotar la encina en forma de bosque adehesado, y las bellotas son el alimento selecto de los cerdos ibéricos.
Roble melojo (Quercus pyrenaica) – Raíces profundas
El melojo, conocido también como rebollo, es un roble que apenas sobrepasa los 20 m de altura, de tronco bajo y copa ancha, aunque irregulares. Las hojas son lobuladas y aovadas, unidas al pecíolo por su parte más estrecha y pilosas en el envés. Tienen raíces profundas y una gran capacidad de rebrotar, por lo que a veces forma extensas manchas arbustivas: incluso se pueden observar árboles rodeados de numerosos retoños. Su nombre especifico, pyrenaica, llama a engaños: casi no existe en los Pirineos: Este roble se cría principalmente en las laderas y faldas de las montañas silíceas, desde los 400 a los 1.500 m de altitud, y vive con frecuencia junto a las encinas y os alcornoques. Prefiere los suelos sueltos y de textura arenosa, y se adapta muy bien al clima continental. Florece en mayo o principios de junio. Suministra leña y carbón excelentes. Se híbrida tanto con otros robles como con encinas, alcornoques y quejigos. Es una especie rara en la provincia de Córdoba. Solo se encuentra en el Parque Natural de la Sierra de Cardeña y Montoro, en una zona comprendida entre el pueblo de Cardeña y la aldea de la Venta del Charco.
Quejigo (Quercus faginea) – Roble con agallas
El nombre específico, faginea, se lo dio el botánico francés Jean-Baptiste Mamarck (1.744-1.829) por el parecido de su hoja con la del haya (Fagus), mientras que su nombre común procede de cecidium, agalla. Es un árbol de la familia de la fagáceas, como el roble y la encina, que lo mismo puede darse como arbusto que como árbol de talla media, con tronco no excesivamente grueso y copa recogida, flores muy pequeñas, hojas grandes y dentadas, algo pilosas en el envés. Las agallas que lo caracterizan nada tienen que ver con la audacia o valentía: son un excrecencia redonda que forman las larvas de un insecto de la familia de los cinípedos. El insecto pone sus huevos en los brotes jóvenes, lo que provoca que se desarrollen tejidos tumorales que forman la agalla. Estas bolas, de las que algunas personas pueden pensar que son frutos del árbol, permiten diferenciar el quejigo de la encina. Crece en todo tipos de suelos, tanto en los pobres como en los ricos en cal, mejor algo frescos y profundos, y se asocia frecuentemente con encinas y alcornoques. Puede encontrarse en los tres parque naturales, donde, cuando se dan las condiciones apropiadas, forma quejigales.
Aliso (Alnus glutinosa) – Cerca de la ribera
Ya el poeta romano Virgilio (70 a.C.-19 a.C.) observó que “en los ríos nacen los sauces, en los sitios ásperos y pantanosos, el aliso”. Aquí queda claro que este árbol de la familia de la betuláceas, de unos 20 metros de altura, copa redondeada, hojas alternas y algo viscosas, flores blancas en corimbos y fruto pequeños de color rojizo parecidos a una pequeña piña, se cría especialmente en las riberas del arroyo Guadalora, dentro del Parque Natural de la Sierra Hornachuelos, formando alisedas. Su nombre científico parece derivar del céltico al, “cerca” y lan, “ribera”. Es adecuado para repoblar en suelos pobres y encharcados. Crece rápido, rebrota bien y puede vivir hasta cien años. Su madera, muy resistente al agua, se empleó para hacer postes y pilotes en las obras hidráulicas, así como en la construcción de algunas casas venecianas. La corteza de aliso, rica en taninos, se usó en medicina popular como astringente. Sus hojas, recién cogidas y bien puestas dentro de los zapatos, alivian el dolor de los pies. A la gente que sufre reuma se le aconseja acostarse sobre un lecho de hojas de aliso calentadas suavemente al sol y taparse la parte anterior del cuerpo con otra capa de hojas cubiertas por una manta. A la vista está que el aliso, aparte de encontrarse a gusto junto a la ribera de los ríos, también se acerca de manera saludable al hombre, alejándolo de alguna que otra enfermedad.
(Diario Córdoba - Paseos en familia por Córdoba y provincia)


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